miércoles, 30 de enero de 2008

Donde habita el olvido

- Hola, Que milagro...
- Hola
- ¿Como te ha ido? hace tanto tiempo...
- Bien... ¿Y a ti?
- ¿Tienes tiempo? te invito algo
- Esta bien

Entramos al bar, era pequeño y estaba algo vacío debido a la hora, sin embargo era acogedor, ella estaba tal como la recordaba, seguía teniendo esa cara casi infantil, en la cual dibujaba una sonrisa picara que mas bien parecía un gesto y que sin embargo era capaz de desarmar al hombre mas duro, a esa mezcla de niña con sonrisa de mujer fatal habría que agregar un cuerpo que envidiaría cualquier escultura griega, recuerdo que en los días felices solía decirle que Dios andaba distraído el dìa que el Diablo la creo.

- ¿Desean ordenar algo?

La voz del mesero me saco de mis pensamientos.

- Una cerveza, por favor
- Un whisky, en las rocas
- ¿Whisky?

Lo dijo con cierta sorpresa, la cual se reflejaba en su cara, voltee la vista, no quería perderme en sus ojos claros, no otra vez, esos ojos eran capaces de hipnotizarte y perderte sin remedio alguno.

- Pensé que no tomabas
- La gente cambia... además necesito algo de valor para hablar contigo, para exorcizarte.

Tome la copa de un solo golpe, cuando baje la copa aun tenia el sabor del alcohol recorriendo mi garganta, ese sabor fuerte y rasposo que conocía muy bien desde el ultimo día que la vi, abrí los ojos y voltee hacia su silla, no había nadie, la silla estaba vacía como desde hace varios años, siento la humedad del bar que se cuela por mis huesos, el olor a orines y vomito de borrachos dormidos sobre sus mesas llega a mi nariz, sacudo la cabeza buscando librarme del mismo, una nube de humo cubre la atmósfera decadente de un sitio donde no hay lugar para triunfadores, dejo mi vaso vacío en la mesa, no se cuanto tiempo llevo metido en este bar (¿años quizás?) pido otra copa, cierro los ojos y dejo que el alcohol te traiga a mi de nuevo aunque dures lo que dura un trago en la garganta de este viejo que ha olvidado como olvidarte.

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